| La llamada técnica de pintura
a la encáustica fue desarrollada en el arte Griego antiguo ya en
el siglo VI A.C., siendo muy utilizada en pintura, escultura, y arquitectura.
En el primer siglo de nuestra era aparece en la pintura mural Romana (Pompeya,
entre los siglos II y I A.C.).
Descrita con detalle en el tratado de Plinio, esta técnica fue
heredada por la iconografía Bizantina donde permaneció dominante
hasta el siglo VIII. Después de la era iconoclasta la encáustica
fue gradualmente reemplazada por la técnica de témpera al
huevo y a partir del siglo X cayó en desuso.
Actualmente son pocos los autores que dominan esta técnica pues
requiere de una gran habilidad tanto en las mezclas de los componentes
pictóricos como en su aplicación.
El conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve el autor contemporáneo
para realizar estas soberbias obras, se concreta principalmente en los
siguientes puntos:
- Sobre el soporte de madera se aplican capas de estuco sucesivamente
pulimentadas hasta obtener una superficie homogénea de grano finísimo
capaz de absorber el pigmento.
- La pintura es realizada con pastas encáusticas coloreadas usándose
una emulsión de cera como aglutinante de los pigmentos minerales.
- El desarrollo plástico se lleva a cabo con pinceles de pintura
de varios tamaños y una espátula de forma tal que la dirección
de los brochazos define la formas que se trazan.
- La integración del pigmento en la solución de cera y
la penetración de esta en el estuco del soporte aseguran una perdurabilidad
de los colores muy superior a cualquier otra técnica, tal y como
lo demuestra el colorido de los Retratos de Fayum a lo largo de los siglos.
- Los colores pueden ser mezclados tanto óptica como mecánicamente
y en combinación con el relieve del trazo completan la riqueza
de la expresión plástica del color.
(1) GOMBRICH, E.H.
(2002): La Historia del Arte. Madrid: Editorial Debate, S.A. Tercera reimpresión
de la decimosexta edición inglesa. I.S.B.N.: 84-8306-044-2
|